Ayuda a reconocer colores y formas, y a mejorar la coordinación y motricidad fina.
El juego incluye un tablero, bloques de colores y, a menudo, un libro con desafíos.
Recomendado para niños a partir de 2 años, aunque puede ser jugado por niños de 4 o 5 años.
Fomenta la concentración, la resolución de problemas y el pensamiento flexible.